Benditas y benditos

 

Joaquín Carbonell, 2020
José Luis Arrazola, guitarra
Kalina Fernández, violín

Benditas manos que curan la tristeza
Cada vez que regalan ternura en su regazo
Benditas sean las que hacen la limpieza
Las que friegan el polvo que dejan los abrazos

Benditos sean los versos del poeta
Que cantan cuando todos perdieron la alegría
Benditos sean los de la furgoneta
Que llevan a los viejos el pan de cada día.

Benditos míos los niños peligrosos
Que disparan petardos al lado de la abuela
Benditos sean, benditos los patosos
Que se quedan dormidos para no ir a la escuela

Benditos todos, los de arriba y abajo
Que tocaron el cielo saliendo a los balcones
Benditos sean los que con su trabajo
Fabrican esperanza, regalan ilusiones

Benditos padres, benditos prisioneros
En dos palmos de angustia de un futuro desierto
Benditos sean los alcaldes de pueblo
Que lloran cada rosa que se seca en su huerto

Benditos mozos que limpian la miseria
Y benditos los guardias que patrullan al raso
Benditos sean los que ponen su vida
En sacarnos enteros de este enorme fracaso

Benditos sean los que venden patatas
los modestos luceros que amasan en el horno
benditos perros, benditas cuatro patas
los mejores abrazos ante los abandonos

Benditos todos, los de arriba y abajo
Que tocaron el cielo saliendo a los balcones
Benditos sean los que con su trabajo
Fabrican esperanza, regalan ilusiones