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"¡Vayatrés! Labordeta, La Bullonera y Carbonell", por Matías Uribe

Yo creo que no somos conscientes de su valor. La historia discográfica de los tres cantautores aragoneses por excelencia es una carretera zigzagueante y con muchos baches. Ya se sabe: en los tiempos álgidos de la protesta imperaba el slogan, cuando no el panfleto, sobre la música. Urgía crear con rapidez el ripio denunciador contra la oprobiosa. A cambio, se descuidaba la textura musical.

No me guardo. En más de una ocasión fustigué discos y conciertos por ello. Pensaba que era compatible, e incluso obligado, texto comprometido con soporte musical emocional y creativo. Y si de cantautores se trataba, Leonard Cohen, Dylan y Springsteen también lo eran. Y no desaliñaban su música como, en ocasiones, lo hacían Labordeta, Carbonell y La Bullonera. No debía de andar muy descaminado pensando en aquellas referencias foráneas: recientemente Labordeta venía a señalar a Springsteen como lo más interesante de ahora, como en el cantor más auténtico. Me reí mucho (sanamente y de manera cómplice) al leerlo.

Pero el tiempo, afortunadamente, repara heridas y restaña errores. A uno y a otro lado. Y ahora andan los tres con un disco a trío que es un verdadero pozo de música y textos gratificantes. Pervive lo facilón porque hay que salir a los escenarios a defenderse, y la gente todavía quiere corear estribillos populares en voz alta y, como antaño, cogerse de la mano del vecino, pero hay canciones profundas y ?serias? que tocan fibra y que incluso, si este fuera un país normalizado para asumir la música de sus creadores, independientemente de radiofórmulas y mercadotecnias apestantes, tendrían que ser reverenciadas. Hablo, por ejemplo, de ?Con las luces encendidas?, de Joaquín Carbonell, un himno de un dylanismo estremecedor. Una de esas canciones que salta en la radio ?los juntaletras del radioformulismo lo evitarán- y paras el coche a disfrutarla y a digerirla. ¿Ya se ha acabado? Sí, son solo cuatro minutos de belleza inmaculada: ese golpe de batería para entrar, el acordeón, esos coros a lo Nick Cave de ?The Ship Song?, la melodía arrobante y ese Carbonell en estado de gracia compositivo y vocal. ¡Coñe, si esto es un ?Knocking On Heaven?s Door? mayúsculo!

No nos lo creemos ni lo queremos ver. Somos así de ingratos con lo nuestro. Si esta canción la trae Dylan, Springsteen o incluso un mindundi de la Britania, a hincar la rodilla?, pero es de aquí. Gran handicap. Mas, por lo que a uno concierne, no fue, ni es, ni será siendo. De nuevo, reivindico a Carbonell. Y a Eduardo y su fado-pasodoble ?María si fueras mía?. Y a Labordeta y su ?Albada de la ausencia?, la traslación aragonesa del sentimento del blues del Delta?

¡Vaya tres! Tres símbolos de la canción aragonesa vivos, sobre los escenarios y grabando discos. No nos damos cuenta de su valor. Ni los periódicos locales han sabido darle el realce debido, al publicarse este disco a trío. Pero tenerlos ahí, como tener a Dylan o a los Rolling, salvando las distancias, claro, es un lujo. Fidelizarlos es hacer tierra. Reconociendo el patrimonio musical de ayer y de hoy se hace también Aragón. No nos quedemos pasivos ante el vacuo ?Somos? institucional. Pasemos a la acción. Que este disco, si anida algo de sensibilidad y aragonesismo en tu piel, no pase desapercibido. Pídeselo a tu proveedor habitual. Y disfruta. O pasa olímpicamente, si esto de los cantautores te suena a aburrido rollo del pasado. ¿En qué lado estás?

25 Mayo, 2009
Matías Uribe


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