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EMOCIONES EN BARCELONA

Hay ocasiones en que Barcelona tiene un corazón aragonés que late empujado por el cierzo. Hemos tenido una semana en la que Aragón ha estado presente y a muchos se nos ha llenado el cuerpo con aires y añoranzas de la tierra. Todo empezó el domingo día 11 en la sala Luz de Gas con el recital de un Angel Petisme pletórico. Continuó el viernes día 16 con José Luis Melero, que presentó en el Centro Aragonés de la calle de Costa su estupenda obra “Los libros de la Guerra” (Rolde). Oír hablar a Pepe sobre su libro fue un regalo y un buen aperitivo de lo que nos esperaba el sábado por la noche en el Teatre Joventut de L’Hospitalet de Llobregat, donde José Antonio Labodeta, Joaquín Carbonell y Eduardo Paz, “Aquellos magníficos mAÑOS” –tal era el nombre que llevaba el concierto, dentro del ciclo Barcelona-Sants- llenaron todo el aforo y lograron crear un clima tan emocionante que supongo que a todos se les puso la piel tan erizada como yo tenía la mía.

Nunca había visto a los tres juntos desde los esperanzadores años de la Transición, y tenerlos ahí, hermanados, con una complicidad y una espontaneidad que contagiaron a todo el público, ha hecho de ese concierto uno de los más emocionantes que yo he vivido nunca. Ha pasado el tiempo, y resulta que aquellas canciones de los 70 siguen tan vivas como vivos y actuales resultan sus autores. Oyéndolos, a uno le venían recuerdos que luego pudimos comentar con ellos, conciertos en fechas tan señaladas que han pasado a la historia de mi vida como una referencia: La Bullonera a los dos días de la muerte de Allende, Labordeta el día que Franco fusiló a los militantes del FRAP, Carbonell contra viento y censura en el instituto Ibáñez Martín de Teruel donde yo trabajaba; todos, ellos y muchos más, en los grandiosos conciertos del Teatro Principal en Zaragoza o en el Palacio de Deportes de Huesca…

Ciertamente, los tiempos son otros, pero la amenaza del fascismo está ahí, al acecho, esperando cualquier excusa para airear sus banderas que tanto recuerdan aquéllas contra las que nos movilizábamos en los años de la esperanza. Por eso oír a Labordeta cantar “Banderas rotas” o “Dejen pasar” a Carbonell, o las tremedas “Albada” de Labordeta o el canto a Los Monegros de la Bullonera recuperaban su sentido original y nos ponían a todos en pie, aragoneses y no aragoneses, unidos en la emoción y en la esperanza. Ver y oír a mis viejos amigos, a compañeros de tantas historias, me ha hecho más libre, me ha quitado años, me ha dado el empujón que de vez en cuando hemos de recibir en la conciencia. El Teatre Joventut ha sido el lugar del encuentro de tres magníficos aragoneses con los que da gusto caminar hacia un Aragón por el que luchan/mos desde hace décadas. Concierto imborrable, emoción a raudales y una esperanza renovada. Gracias a los tres.

Profesor Anchel Conte


Emociones en Barcelona


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