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Entrevista - "La tos del trompetista"

El 1 de abril sale a la venta “La tos del trompetista”, el nuevo disco de Joaquín Carbonell, que supone ya el 10 en su carrera. Con seguridad se editará también en Argentina, país que el cantante visitó en Noviembre junto a Uruguay, y que es posible que viaje de nuevo en junio (ver fotos del viaje). Aquí tenemos una charla con el autor sobre el nuevo disco.
Joaquín, además de cantante es periodista y escritor. Trabaja a diario en El Periódico de Aragón de Zaragoza y ha editado varios libros de poesía, novela y ensayo.

¿Por qué “La tos del trompetista”?
Porque a las cosas hay que ponerles nombre, título. Y a los discos, más. Estuve muchos meses dándole vueltas a un título, no lo encontraba o los que hallaba me parecían vulgares. No me gusta poner nombres obvios, lugares comunes, aspiro a encontrar frases únicas. Por eso dedico mucho tiempo. Creo que mis títulos son originales. En libros tengo: “Misas separadas”, “Laderas de ternero”, “Apaga y vámonos”, “Las estrellas no beben agua del grifo”. Y en discos estos tres últimos: “Tabaco y cariño”, “Sin móvil ni coartada” y ahora “La tos del trompetista”. Aspiro a que sean inolvidables.

¿Lo consideras un paso más en tu carrera?
No lo sé; no me gusta nada eso de competir con el arte. Está bien que lo hagan los atletas, porque forma parte de su naturaleza, pero de un creador no se puede medir su obra. ¿Con qué parámetros? Creo no obstante que estas canciones mantienen algo por lo que lucho: un buen acabado…

¿Un buen acabado?
Sí, al cabo del tiempo uno aprende a distinguir incluso su propia obra. Eso es algo impagable. Ser crítico de uno mismo, tener CRITERIO, que viene del mismo sitio. Ser capaz de saber si esa canción está bien hecha, resiste el tiempo… Hombre, uno comienza por lo más sencillo, por analizar si la letra es correcta. Eso se sabe. Se sabe si hay emoción, si transmite algo, si está bien construida. Los que trabajamos con un material orgánico como es la letra y la música, los que aspiramos a emocionar a través del relato, sabemos que hay que elaborar las letras como una catedral: no puede faltar ni sobrar nada, sino se cae. Hay otro tipo de canción donde la letra no importa, es una excusa sonora para redondear una música pegadiza. Pero los “cantautores” utilizamos el cemento de la palabra, y ésta debe ser perfecta: debe emocionar, debe ser ingeniosa si así se requiere, debe ser original (hay muchos cantautores que funcionan con el piloto automático), no puede admitir tópicos ni ripios… Y eso cuesta mucho trabajo, os lo aseguro. Sobre todo, para que no se note el andamiaje: una letra no puede ser pedante, no puede ser excesiva, no debe apabullar (¡mira qué bien escribo!), no debe notarse, simplemente debe ser un vehículo para contar algo, bien contado.

Uf, perfecto. ¿Hay novedades en “La tos…?
Sí, especialmente en la producción. Es muy delicado seleccionar un productor. Bueno, un arreglista, el músico que sabe más que tú y que le dará forma a tus sueños. Es tu mano derecha. Debe ir un poco más allá que tú, pero nunca sobrepasarte, no puede hacer “su obra”, sino la del cantante. Seleccioné a Philippe Charlot, gran amigo, gran músico, francés como se ve. Él arregló diez canciones, después de pasar todo el verano en Ribadesella (Asturias) juntos trabajando, tocando, hablando, paseando… Algún amigo asturiano es testigo. Yo quería que Philippe le pusiera un toque francés a unas canciones muy españolas. Y que tocasen músicos franceses. Bueno, el resultado está ahí. Estoy completamente satisfecho.

¿Y el arreglista español?
Es Pepe Vázquez, mi guitarrista, un hombre que conoce perfectamente los ritmos latinos. En el disco hay cuatro canciones de esa tesitura, muy latinas, y Pepe las ha redondeado. Lo mejor de todo es que no se nota en el contexto global que han trabajado dos arreglistas; todo encaja bien, porque Philippe no se ha “pasado de rosca”. Él conoce bastante bien nuestra música de sus continuos viajes a España y ha sabido captar la esencia. Creo que el disco es original, nuevo, fresco, llamativo, distinto.

¿Alguna canción que comentar?
Bueno, tenía alrededor de 18 canciones para seleccionar estas 13. Creo que son las mejores. Hay de todo: valses, corridos, bolero, rumba, rock, balada country, una cosa un poco dixy New Orleáns… Todo lo que a mí me gusta. Philippe ha puesto un acordeón francés, pero que es cajón, el acordeón diatónico de Nueva Orleáns, que resulta muy llamativo. Colabora Nico Wayne Toussaint, un armonicista considerado por las revistas especializadas de jazz como el mejor armonicista de Europa. Se nota. Toca en tres temas que llaman la atención. A mí me ha sorprendido mucho. No voy a comentar las canciones una a una porque hay que escucharlas, y porque todas son hijas mías. ¿Qué puedo decir? ¡Que son cojonudas!

Sin medirlo como en una competición, ¿es el disco un paso más?
Yo creo que sí; porque uno ya conocía la respuesta de público, críticos y amigos a los anteriores. Creo que hemos ido creciendo disco a disco. Muchos amigos me aseguraron que no superaría la calidad de “Sin móvil ni coartada”, porque les pareció un disco muy completo. Tenían razón. No sé si lo hemos superado, pero al menos tengo la sensación de no haber retrocedido. Cuando el “material” es correcto, ya depende de los gustos personales. Al menos tengo la convicción de que está en esa línea, de que se ha instalado en un nivel de calidad correcta. No olvidemos que son canciones para adultos mentales. Canciones adultas. Música clásica. Yo no vengo a cambiar el rumbo de la historia de la música, vengo a intentar emocionar con canciones bien construidas, correctas, bonitas, con buenas melodías…
Mi territorio no es el pop, donde casi todo vale, donde casi todo se justifica por una acertada melodía; nosotros jugamos en el terreno de los sentimientos, de las emociones, de las sensibilidades, que nos comunican las historias, las vivencias compartidas, los amores y desamores húmedos, las tristezas necesarias… Para comprenderlo no hay que tener una edad definida, hay que tener una madurez, un deseo de crecer como ser humano, un gusto por descubrir valores en la comunicación, una necesidad de beber en la copa de la ironía, el buen humor, la ternura, valores todos en decadencia…



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