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Revista Efe Eme: Disco del mes

    Es singular el caso del turolense afincado en Zaragoza Joaquín Carbonell: en 1976 graba su primer disco, Con la ayuda de todos, en Barcelona y con la complicidad de Toti Soler y La Rondalla de la Costa. Es un trabajo sorprendente, pues su recia voz aragonesa (educada en la escuela del maestro, en su caso en todos los sentidos, Labordeta) empasta perfectamente con el tamiz mediterráneo que crean los músicos que le acompañan en la grabación. Además, todavía no se lanza al ideario político tan común en aquellos años, cosa que sí sucederá en sus dos siguientes LP’s Dejen pasar, 1977 y Semillas, 1978, y la voz propia ser recupera en Sin ir más lejos (1979). Pero contra todo pronóstico, éste será el disco del adiós pues Carbonell, en 1982 abandona la guitarra por el periodismo y la literatura.

    Durante doce años no se sabe nada del cantautor Carbonell, aunque su firma es habitual en la prensa aragonesa, pero en 1994 reaparece interpretando en castellano canciones de su amado Georges Brassens. Dos años después regresa al estudio, pero para grabar el repertorio de Brassens en Carbonell canta a Brassens. Le echan una mano sus amigos Pi de la Serra y Joaquín Sabina (admirador éste sin reservas de Con la ayuda de todos).

    Durante un par de años compone temas nuevos y en 1998 ve la luz el muy recomendable Tabaco y cariño, donde Carbonell demuestra que todavía está en forma y se apunta  a la canción de autor eléctrica, donde por otro lado ya había estado en los años 70. Regresa a Brassens para publicar Homenage à trois (2000), un cálido directo con los franceses Tonton Georges Trio (evidente nombre). Pero lo mejor de Carbonell llega en 2002 con Sin móvil ni coartada. Disco inmaculado al que no se le puede poner ni un solo pero.
    Sin embargo, hete aquí que el Carbo, ahora sin el eterno mostacho, se descuelga con La tos del trompetista, para constatar que lo del Móvil no fue una excepción, que superada la cincuentena está en vena y se puede marcar trece canciones como otros tantos soles en las que el humor, la ironía brassensiana (y no, no le confundan con Krahe, los dos beben de la misma fuente), las influencias sabinianas (retroalimentarse se le llama a esto), el jazz, y hasta las cadencias a lo J.J.Cale, se encuentran con naturalidad en su limpia voz.

    En La tos del trompetista se aprecia que Joaquín Carbonell anda enredado en buscar un espacio personal en la canción de autor en castellano: instalarse en la contemporaneidad asumiendo la tradición, sin hacerle ascos a la música popular, al pop, o al rock, contando historias lúcidas, a pie de calle y vida propia, que no renuncian a la sátira social. Pero esa búsqueda le ubica definitivamente en un territorio único; cargada la mochila de ecos propios y ajenos, Carbonell ya es Carbonell. Joaquín se descubre ahora mismo con unas inquietudes musicales y literarias que le posicionan en la primera fila del género cantautoril. Más en unos momentos en los que los principales protagonistas no disparan sus mejores balas. Pero lo mejor es que La tos del trompetista tiene el mismo efecto que cuando se abre la ventana de una habitación que ha permanecido mucho tiempo cerrada y el aire fresco hace que los muebles recuperen su olor de maderas nobles mientras la luz ilumina bellos rincones que parecían olvidados.

    Son trece canciones grabadas entre Zaragoza y Nay (Francia), muchas de ellas con la mano maestra del Tonton Georges Trio y todas con producción del turolense-zaragozano autor del álbum. Canciones entre las que destacan la reinvidicativa “Mi patria” –con esos toques de swing europeo vía Reinhardt, que abre el disco y pone inmediatamente de su parte al oyente; otra canción por la que tenemos que darle las “gracias” al impresentable José María Aznar--. La climática “Todo o nada”, la historia de España revisitada de “Rutas imperiales”, los requiebros festivos de “Cachito lindo”, la casi californiana “Me conduce”, las nostágicas “Cebolla amarga” y “Mon amour”, el homenaje a la amada Buenos Aires de “Ven al Tortoni”, la sobria, emocionante e inquietante “La tos del trompetista”, las canallas “Como fuera de casa no se está en ningún lao” y “Mientes”.

    A esta Tos del trompetista quizás algunos momentos le pesa en exceso la mirada al pasado (algunas referencias no serán comprendidas por los oyentes más jóvenes), pese a ello, estamos ante un gran disco, espectacular por su sencillez, por esa cercanía que ya en la primera escucha logra que el oyente lo aprecie como a un viejo amigo, sea suyo como el recuerdo de una lejana novia (las novias nunca son viejas). Un álbum para disfrutar a sorbos, con calma, de noche y de día. El Carbo está en estado de gracia y este disco, de ninguna manera puede pasar desapercibido, ni la autoedición tendría que ser un impedimento para acercarse a él.

Juan Puchades

Revista Efe Eme
Mayo 2005



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