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El Periódico de Aragón, 10 de abril de 2005

Joaquín Carbonell: "La finalidad de la canción popular es emocionar"

- La foto del disco llama al intimismo, a la escucha reposada. Usted parece Aznavour.
Muchas gracias...

- Ahí está el cantautor: Siempre con la vuelta de tuerca para encajar el lenguaje.
Claro, pero es que una canción se compone al cincuenta por cien de letra y música. Me parecería una pena desperdiciar una parte si no cuidase la letra. Por eso existe la literatura, porque la palabra es capaz de emocionar.

- Usted dice, por ejemplo: "Tu silencio despierta a los peces?". Poesía pura.
Bueno, ésa era mi intención, retorcer el lenguaje. Pero sin alardear; una técnica que se note demasiado no es útil, no cumple su cometido, porque la finalidad de la música popular no es la de impresionar sino emocionar.

- Y un cuidado casi manierista en todos los palos: vals, bolero, rumba, fox trot, balada country, dixi New Orleans...
Si, me han dicho que es un disco de géneros. Es cierto, pero en mi caso era inevitable, porque mi patrimonio musical está lleno de esas canciones clásicas que se ajustaban a fórmulas muy cerradas. Al que no le guste el bolero o el vals, efectivamente, le resultará empalagoso.

- Podría titularse "grandes ritmos de ayer y de hoy?". Suenan los 40, los 50, los 60...
Sin duda. Eso son los géneros, unas fórmulas muy cerradas en el ritmo. Ahora el pop es más disperso, más similar. El género nació porque la canción se bailaba agarrada y había que inventar distintos ritmos para hacer variado el baile.

- Enredar con el tiempo puede hacerle a uno bascular entre la ingenuidad del que se asombra y el cinismo del que está de vuelta. ¿Usa el desplante canalla como una forma de disfrazar los sentimientos?
Sí, hasta cierto punto. Siempre hay un pudor que te impide desnudarte del todo.

- Pero aquí hay una clara intención de emocionar, ¿no?
Es verdad. Yo creo que la función casi única de la canción popular es la de emocionar. La otra es divertir. Pero conseguir que alguien al escuchar una canción de tres minutos, logre abrir una puerta a sus sentimientos es un milagro.

- Parece no abandonarle nunca el instinto de lo popular, de lo bailable, de lo rítmico y de lo lento, ¿Recuerda la alternancia de los guateques?
Eso es fundamental para los que vivimos esa época. Éramos jovenes ingenuos, muy ilusionados, y una de las aspiraciones más deseadas era poder aproximarte a una chica. Eso se lograba a través de la música. La canción entonces se convertía casi en un rito, en una excusa legal para poder tocar un cuerpo, ser felices un rato.

- ¿Ha huido deliberadamente de lo fácil?
Sí, yo digo que para escuchar a un cantautor hay que hacer un pequeño esfuerzo. Es música para adultos... mentales. Música clásica. Pero cuando descubres un guiño en una metáfora, la recompensa es muy alta.

- La canción “La tos del trompetista” sugiere melancolía. Saldar las cuentas con el pasado. Ensamblar bien los contrarios. Ya no están las cosas tan claras como en los 70: proclamas y remolques.
Sí, llega un momento en la vida de cada uno en que debe de abrir ciertas puertas aireando los cuartos. La infancia y la adolescencia están siempre ahí achuchando, pasando factura, y es conveniente afrontarlas. Y dejarlas atrás. Lo han hecho todos los grandes desde Aznavour a Serrat, pasando por Brel y Dylan. Hay ciertos temas que hay que cantarlos a corazón abierto, casi desnudo.

- Y a la vez la pulsión brassensiana por el jazz, y por lo prohibido ingenuo: la paja colectiva, etc.
Brassens siempre está ahí. La música francesa, el manouche. Por eso una parte del disco lo ha arreglado Philippe Charlot y lo han tocado músicos franceses.

- La tercera canción del disco suena a Estopa, ¿no lo ha observado? En otras parece colarse Joaquín Sabina...
Bueno, es la deuda con mis contemporáneos. Sabina inventó la canción de autor urbana y nos señaló un camino. Si uno quiere cantar a estos tiempos es inevitable referirse a él, hacerle guiños. Peor sería "sonar" a otros que no quiero citar... Y Estopa son muy enérgicos y David tiene un gran talento.

- Ahí están los instrumentos: el trombón con sus arrastres y topadas.
Perfecto. Es el homenaje a las charangas, las bandas, las orquestinas de pueblo, la fanfare, que dicen los franceses. Esos sonidos populares tan entrañables, que forman parte de nuestro patrimonio sentimental. Es Fellini en Alloza. ¿Sabes? A ciertas edades uno debe hacer lo que le pide el cuerpo, sin mirar de refilón a los críticos. ¿Te apetece un bolero? Pues vamos a bailarlo...

- Valérie Charlot. Los compañeros, los arreglistas. Sólo falta el Orfeón Donostiarra.
Bueno; lo pensaré pare el próximo. Valérie es una gran artista, que ya intervino en el disco anterior. Ahora canta en español y toca el ukelele, como Marilyn. Le da un toque de glamour al swing. Y luego hemos tenido la suerte de contar con unos músicos excepcionales, tanto franceses como aragoneses.

- Una canción para la esposa, jugando, eso sí, con el 68 y el 69. Y luego asegura que “Como fuera de casa no se está en ningún lao” (con ritmo de Bonnie and Clyde). ¿Cómo entenderlo?
Es verdad, vivimos en continua contradicción. Mi mujer me lleva y me trae porque yo no tengo carnet, pero también amamos el riesgo de que nadie nos controle. Una vana ilusión en el fondo, porque nunca pasa nada... La frase de "Como fuera de casa no se está en ningún lao?" se la debemos al genial actor Antonio Gamero.

- La canción “La tos del trompetista” es como las Bienaventuranzas: "Benditos sean los que mueren de pena... bendito sea el alumno agotado por soñar con la guapa que mira hacia otro lado..." Una lenta letanía misericordiosa. Parece una buena noticia para los pobres.
Me alegro de que lo veas así, porque no estaba seguro de si me había equivocado. Pensé que era una canción muy triste, muy melancólica, poco comercial. Pero quise dar salida a la ternura y salió esta tos del trompetista. Es la demostración de que los rojos tenemos buenos sentimientos en el fondo...

Roberto Miranda



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